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Por: Sergio Crispín Buiza

La difusión de información es un fenómeno que ha existido desde antes de la aparición del idioma y no es necesariamente algo malo, de hecho, es lo contrario. Con el avance de la tecnología, los medios de transmisión de información y de comunicación han ido evolucionando, y ahora las formas de producción y distribución están cambiando con la incidencia de la tecnología digital,TIC, en la vida cotidiana de la gente.

Gracias a internet los receptores de información dejaron de ser completamente pasivos y pasaron a tener un rol activo, se convirtieron en prosumidores. Lamentablemente esta transformación dejó al descubierto la existencia de cierta cantidad de usuarios más centrados en sí mismos que en la comunidad, que buscan autoafirmación y que no aceptan ser interpelados, son los denominados “troles”.

En el contexto actual de pandemia en la que vivimos, estos troles de internet siguen actuando sin ningún escrúpulo generando misinformation alrededor del tema “coronavirus”.

El trol de internet

Cuando hacemos referencia a la palabra “trol” (grafía española aceptada por la RAE), es fácil que nuestra mente evoque imágenes de alguna criatura mitológica maligna viviendo debajo de un puente, pero no es así. En su acepción original, derivada de la cultura escandinava, se usa la palabra en inglés “troll” para referirse a los usuarios de internet que escriben comentarios para llamar la atención e interrumpir el diálogo racional en un foro.

Cuando decimos “trol” nos referimos a aquellos usuarios que se sientan frente a una computadora y buscan llamar la atención publicando temas polémicos, ideas singulares o contenido sensible para otros (Lozano, 2018). Estos actúan frente a una necesidad de autoafirmación y atención y pueden llegar a difundir información errónea. Esto no sería un problema tan grave si esta información no se viralizara, pero hay troles que conocen bien cómo llegar a más personas.

El trol que se viste de seda

Para que un trol haga que su información llegue a más personas utiliza varios métodos, uno de los más comunes es el de “embellecer” la publicación, ya sea poniendo un título llamativo, un video bien elaborado o hasta apelar a la falacia ad verecundiam. Con esto último me refiero a que los troles pueden llegar a publicar información falsa argumentando su veracidad con afirmaciones como: “es verdad porque lo dice esta persona y, como sabe del tema, no se puede equivocar” o incluso, si es que cuentan con algún estudio que lo avale, puede llegar a argumentar: “es verdad porque yo lo digo y yo he estudiado sobre esto”, lo cual podría ser un argumento válido si lo que afirmara se sostuviera en fuentes o si tuviera alguna prueba empírica que lo corrobore, sin embargo, con los troles, esto no sucede y su palabra es la única fuente que necesitan.

Pero no debemos dejar de advertir que muchos usuarios actúan también de troles, a veces sin darse cuenta, porque ya que el hecho de compartir información falsa nos pone un poco de ese lado. Existe una tendencia en las personas de compartir información sarcástica, violenta o entretenida creyendo que será de mayor interés entre las personas que miran sus publicaciones en sus redes sociales, o para demostrar que tienen información que el resto desconoce, sin siquiera asegurarse de que la información que están compartiendo sea real.

En política esto desencadena las llamadas Fake News, creadas por troles con el fin de repercutir en las decisiones u opiniones del pueblo hacia algún grupo político específico. Como dicen Ernesto Calvo y Natalia Aruguete en su libro “Fake news, trolls y otros encantos”: Si hiciéramos el ejercicio de observar nuestro muro y ver qué mensajes políticos reciben mayor exposición, quizá descubriríamos que todos nosotros somos trolls. Los mensajes políticos más retuiteados, con toda probabilidad, serán los más sarcásticos, punzantes y entretenidos.

El trol en tiempos de pandemia

En el contexto actual de pandemia, cuando están muriendo miles de personas alrededor del mundo debido al COVID-19, la información es un recurso valioso. Gracias a internet y a los medios de comunicación, la información sobre el tema se expandió por el mundo casi desde el momento mismo de su aparición en China, lo cual permitió que los diferentes países tomaran medidas ante una inminente crisis. Esto redujo el impacto que tuvo el virus, si este hubiera llegado 20 años antes, posiblemente hubiera sido una crisis que hubiese escapado de nuestras manos (cosa que está todavía por verse).

El coronavirus es el tema más tocado por todos los medios, por lo que la información que hay alrededor de esta es extremadamente amplia, pero ¿será toda esta información cierta?

Las noticias falsas siguen recorriendo por internet debido a que los troles siguen actuando y aprovechan en tocar el tema más importante de los últimos meses para llegar a más personas. Desde imágenes falsas de abuso policial, hasta “informes” que indican que el número de casos de personas contagiadas ha disminuido. Los troles no descansan ni en tiempos de pandemia.

En este caso tomaré como ejemplo un caso sacado del International Fact-Checking network, la cual es una base de datos que reúne la información falsa detectada en más de 70 países.

El caso habla de Juan Panay, un supuesto químico farmacéutico que publicó un video afirmando que se podría vencer al coronavirus en siete días si es que el presidente decretara una orden para que el pueblo peruano haga gárgaras con sal cuatro veces al día. Afirmaba que esto era posible debido a que la sal tiene la propiedad de cambiar el pH de las membranas bucales, lo que dificultaría que el virus se replicara. Esto fue desmentido por varios medios, en los cuales los especialistas afirmaban que la sal no tenía esta capacidad.

A pesar de contener información falsa, el video se hizo viral, posiblemente debido a que presentaba la imagen de un doctor con varios años de experiencia cuyos alegatos estaban embellecidos con palabras técnicas propias de un experto en la materia.

Varios días después, el mismo personaje volvió a subir un video en respuesta a las críticas recibidas por su anterior video. En vez de disculparse públicamente por su error, negó haber afirmado que la sal tenía esa propiedad (cosa que era mentira porque esa fue la premisa principal en la que se basaba su anterior video), y afirmó que nunca dijo que las gárgaras de sal fueran la cura del coronavirus sino que eran un mecanismo de prevención y que estaba exhortando a las autoridades a dar a conocer este método, no para disminuir los casos de coronavirus, sino para probar que su hipótesis era verdad. En ese mismo video resaltaba sus estudios y sus méritos académicos como evidencia de lo que decía, además de citar a eminencias médicas que, según él, respaldaban lo que decía. Poco a poco sus argumentos se disolvieron en la nube.

Con este último movimiento Juan Panay evidencia su rol como trol de internet, cuya única intención es autoafirmarse y demostrar que tiene razón, aunque esto no sea verdad, generando desinformación entre las personas que aún creen en lo que dicen. Este trol, al ver que ese video no alcanzó la cifra de visualizaciones que esperaba, optó por publicar su video decenas de veces en su muro de Facebook para conseguir llegar a más público. Entre los comentarios de estos videos se puede ver gente que aún le cree y trata de compartir la información a pesar de que incluso el algoritmo de Facebook le notifica que son noticias falsas.

En conclusión, los usuarios de los medios deben de estar mejor preparados para saber diferenciar entre información verdadera y falsa, debe existir una predisposición para tratar de corroborar la veracidad de lo que están consumiendo. El público no debería quedarse con la primera información que obtiene. Internet es una fuente muy grande de información a través de la cual las personas pueden saciar sus dudas tranquilamente y, si consideran que algo no tiene sentido, pueden corroborarlo tranquilamente consultando fuentes oficiales.

Por otro lado, los troles siempre van a existir, me atrevería a decir que es imposible eliminarlos a todos, pero lo que sí se puede hacer es reducir el impacto que tienen en la sociedad, evitando compartir publicaciones de las que no se esté completamente seguro de su veracidad, aprendiendo a usar herramientas de fact-checking y no dejándonos llevar por todo lo que vemos u oímos en internet.

@Sergio Crispín Buiza: sergio.crispin@unmsm.edu.pe/ @MediaLab UNMSM Lima, 22 de abril del 2020

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