{"id":7123,"date":"2021-01-06T23:19:02","date_gmt":"2021-01-07T04:19:02","guid":{"rendered":"https:\/\/medialab.unmsm.edu.pe\/chiqaqnews\/?p=7123"},"modified":"2021-01-20T00:34:26","modified_gmt":"2021-01-20T05:34:26","slug":"aniego-en-sjl","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/medialab.unmsm.edu.pe\/chiqaqnews\/aniego-en-sjl\/","title":{"rendered":"Aniego en SJL"},"content":{"rendered":"\n<p>Cr\u00f3nica: Julio Lozano<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e.rpp-noticias.io\/normal\/2019\/01\/13\/571857_738498.jpg\" alt=\"Todo lo que se sabe sobre el aniego en San Juan de Lurigancho que deja  decenas de familias afectadas | RPP Noticias\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Cuando uno comienza a conversar con Mar\u00eda Cruz Centeno no podr\u00eda imaginar el dolor que lleva dentro despu\u00e9s de los d\u00edas de aniego que sufri\u00f3 el distrito de San Juan de Lurigancho a inicios de a\u00f1o. Antes de que todo sucediera, ella llevaba una vida normal. Desde muy joven, ella supo ganarse la vida con el esfuerzo de su trabajo. Cuando su cuerpo gozaba de fuerza, ella ten\u00eda muy claro que \u201cuno hace la plata que quiere\u201d y trabajaba largas jornadas desde que sal\u00eda el sol hasta que se pon\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Hora cero<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El domingo 13 de enero Mar\u00eda Cruz\nse levant\u00f3 aproximadamente a las ocho de la ma\u00f1ana, le pidi\u00f3 a su esposo que\nvaya a comprar el pan y se dispuso a poner el agua y a preparar la mesa para el\ndesayuno dominguero. Por ning\u00fan momento pas\u00f3 por su cabeza que esa soleada\nma\u00f1ana de verano ser\u00eda el cruel inicio de una odisea terriblemente triste que\ndejar\u00eda m\u00e1s de una herida en su gentil coraz\u00f3n. Cuando volvi\u00f3 su esposo,\nnotablemente alterado, eran casi las ocho y media, los dem\u00e1s integrantes de la\nfamilia segu\u00edan durmiendo, pero \u00e9l despert\u00f3 a todos y los reuni\u00f3 en la sala: el\nagua, como un silencioso guepardo que se arrastra por el suelo para atrapar a\nsu presa, sin avisar, se encontraba ya en casa del vecino. <\/p>\n\n\n\n<p>Probablemente algunos vecinos\nhab\u00edan notado el inicio de la inundaci\u00f3n, pero en realidad nadie le tom\u00f3\nimportancia ya que era normal que hubiese peque\u00f1as fugas de agua en la zona\ndonde se ubica el Tottus de Los Tus\u00edlagos Oeste. Nadie imagin\u00f3 que ese d\u00eda\nser\u00eda diferente, que ese d\u00eda una tuber\u00eda rota pondr\u00eda a San Juan de Lurigancho\nen los ojos de todo el &nbsp;pa\u00eds y en el\ncoraz\u00f3n de los much\u00edsimos peruanos que brindaron su ayuda a los damnificados.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Lucha o cae<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Como si su \u00e1ngel de la guarda le\nhubiese advertido de lo que pasar\u00eda, Mar\u00eda guardaba algunos sacos de arena y\ngrandes l\u00e1minas de pl\u00e1stico en los pisos superiores de su domicilio. Estos\nfueron su escudo y su espada para defenderse de las feroces garras del guepardo\nque amenazaba con destrozar todo lo que con esfuerzo hab\u00eda conseguido para su\nfamilia. Al principio la batalla era pareja. El agua llegaba de manera masiva,\ncomo el mar golpea la costa, el agua de desag\u00fce golpeaba los sacos de arena que\nse impon\u00edan en la defensa de la casa de Mar\u00eda Cruz. Los m\u00e1s j\u00f3venes y fuertes\nde la familia eran quienes colocaban los sacos y trataban de evitar que la\nturbia oleada de agua se filtrase en su hogar, pero Mar\u00eda no pod\u00eda quedarse\nsentada esperando que la defiendan. Ella no era as\u00ed, toda su vida hab\u00eda luchado\npor los suyos, esta vez no ser\u00eda diferente. Llen\u00f3 de energ\u00eda su maltratado\ncuerpo y comenz\u00f3 a apoyar en las labores de contenci\u00f3n, luego, al observar que\npoco a poco sus defensas iban perdiendo terreno, empez\u00f3 a retirar los objetos\nm\u00e1s cercanos a la puerta para que no sufriesen da\u00f1o alguno. <\/p>\n\n\n\n<p><strong>Punto de crisis<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La desesperaci\u00f3n se apoderaba de\nMar\u00eda y su familia, a pesar que los sacos de arena y las l\u00e1minas de pl\u00e1stico\nhab\u00edan contenido dignamente los irreverentes azotes del agua de aniego, el\nsiguiente ataque lleg\u00f3 desde dentro de casa. Cual caballo de Troya, el inodoro\nera ahora la fuente por la que brotaba ferozmente el agua. Con un ataque desde\nadentro, las esperanzas estaban perdidas y la derrota era un hecho inminente.\nYa no ten\u00eda caso defenderse, era momento de aceptar que no podr\u00edan ganar esta\nbatalla y que era mejor evitar el mayor n\u00famero posible de bajas. R\u00e1pidamente\nMar\u00eda y su familia empezaron a recolectar todos los insumos y abarrotes que se\nencontraban en el primer piso a merced del inclemente aniego. En tinas,\ntrataban de subir todo lo que encontraban al paso, incluso, como \u00faltima medida,\nhicieron un extraordinario esfuerzo y pusieron la cama de Mar\u00eda \u2013 solo ella\ndorm\u00eda en el primer piso \u2013 sobre unas sillas, sin saber las colosales\ndimensiones que alcanzar\u00eda el desastre. &nbsp;Impotentes, Mar\u00eda y su familia emprenden la\nretirada hacia los pisos superiores. Sin embargo Mar\u00eda no solo sufr\u00eda la\ndesesperaci\u00f3n de ver como sus cosas eran ba\u00f1adas por la sucia agua que parec\u00eda\nquerer inundar el mundo, todos los esfuerzos realizados hasta el momento hab\u00edan\nrecrudecido la lesi\u00f3n que ten\u00eda ella en la rodilla izquierda. Esa lesi\u00f3n que le\nhab\u00eda acompa\u00f1ado casi la mitad de su vida, con la que ya manten\u00eda casi una\nrelaci\u00f3n cercana en la que sab\u00eda qu\u00e9 pod\u00eda hacer y qu\u00e9 no, era ahora su mayor\nobst\u00e1culo para resguardarse con tranquilidad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>De la vida como una lucha con dolor, pero con alegr\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Cruz Centeno naci\u00f3 en\nTrujillo, en 1950, de padres humildes, siempre estuvo acostumbrada a luchar por\ntener qu\u00e9 comer cada d\u00eda. Quiz\u00e1 sea esa constante pugna por la supervivencia la\nque desarroll\u00f3 en ella ese noble coraz\u00f3n que la caracteriza. Cuando lleg\u00f3 a\nLima se instal\u00f3 en un peque\u00f1o cuarto alquilado. El cuarto era fr\u00edo, no contaba\ncon ninguna comodidad, pero Mar\u00eda, con su amor de madre, se encarg\u00f3 de\nconvertirlo en un hogar para que sus dos peque\u00f1os tuviesen donde resguardarse\ndel fr\u00edo lime\u00f1o. Dicen que Dios le da las batallas m\u00e1s dif\u00edciles a sus mejores\nguerreros, y Mar\u00eda, quien es muy creyente y devota de San Isidro Labrador,\nparec\u00eda saberlo. Cuando la desalojaron de este peque\u00f1o cuarto porque no le\nalcanzaba para pagar la renta, se vio obligada a vivir en la v\u00eda p\u00fablica con\nsus hijos. En el cruce de Atocongo con Chavez, Mar\u00eda pas\u00f3 6 meses tratando de\nconseguir un trabajo estable que le permita alquilar nuevamente un cuarto en el\nque pueda vivir con sus peque\u00f1os. Cuando decidi\u00f3 probar suerte en el centro de\nLima, consigui\u00f3 un trabajo cargando frutas. Una mujer recia como ella no ten\u00eda\nproblemas con realizar este tipo de labores, pero un d\u00eda, en un corto momento\nde distracci\u00f3n, Mar\u00eda tropez\u00f3 y cay\u00f3 sobre su rodilla izquierda. No solo era su\npeso y el impulso de la ca\u00edda los que determinaron la fuerza del golpe, Mar\u00eda\ncargaba sobre sus hombros una cesta llena de frutas. Con el peso adicional que\ncargaba, el golpe le destroz\u00f3 la r\u00f3tula e inexorablemente ten\u00eda que guardar\nreposo un tiempo para poder brindar los cuidados al yeso que le hab\u00edan puesto.\nPero ella ten\u00eda que trabajar. No pod\u00eda darse el lujo de descansar cuando sus\nhijos le dec\u00edan que ten\u00edan hambre y ella no ten\u00eda algo que darles, simplemente\nle destrozaba el coraz\u00f3n. No hab\u00eda pasado la mitad del tiempo de reposo que le\nindic\u00f3 el doctor cuando Mar\u00eda decidi\u00f3 agarrar un serrucho y quitarse el yeso\npara poder salir a trabajar. Cuando joven, ella se pon\u00eda anestesia en la\nrodilla y pod\u00eda moverse casi con tranquilidad, pero ya entrada en edad le toc\u00f3\npadecer las malas decisiones \u2013 quiz\u00e1 se les podr\u00eda llamar \u201cactos de amor \u2013 que\ntom\u00f3 con su lesi\u00f3n. Ya no pod\u00eda moverse como siempre, se vio obligada a usar\nbast\u00f3n y ya no sent\u00eda la fuerza para caminar tanto. Pero eso no le imped\u00eda\nseguir trabajando para darle un mejor futuro a sus hijos. Luego de su lesi\u00f3n,\njunt\u00f3 un poco de dinero y comenz\u00f3 a vender men\u00fa afuera de lo que hoy es la\nCorte Superior de Justicia de Lima, ubicada justo en frente del Parque\nUniversitario. Su excepcional saz\u00f3n trujillana la hicieron ganarse el est\u00f3mago\nde los miles de transe\u00fantes que pasaban a diario, quienes esperaban a que llegase\npara poder deleitarse con los exquisitos platos que Mar\u00eda preparaba. Con un\ningreso casi estable, Mar\u00eda decidi\u00f3 comprar una casa en San Juan de Lurigancho,\nen la calle Las Hebeas. Era imposible imaginar que ser\u00eda esa la casa donde\nsufrir\u00eda uno de los momentos m\u00e1s tristes de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Prisionera en su propia casa<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Incapaz ya de hacer algo m\u00e1s, Mar\u00eda\nCruz no ten\u00eda m\u00e1s remedio que, desde las escaleras, ver como en el primer piso\nse hab\u00eda formado la piscina de barro, agua y sus cosas. Ver todos los muebles\nembarrados con el f\u00e9tido l\u00edquido era terrible para una mujer que hab\u00eda puesto\ntodo su esfuerzo y dedicaci\u00f3n en cada a\u00f1o de trabajo, en cada nuevo sol ganado,\nen cada hora extra, todo por sus hijos.&nbsp;\nTodo el piso cubierto, las dos refrigeradoras inundadas hasta casi un\nmetro de altura y el bal\u00f3n de gas flotando a la deriva representaban una\nescena, cuanto menos, desgarradora para Mar\u00eda. Nadie despierta preparado para\nalgo as\u00ed, nadie despierta en la ma\u00f1ana y dice \u201choy es el aniego, ser\u00e1\nterriblemente desastroso\u201d. El d\u00eda transcurr\u00eda como una monta\u00f1a rusa, luego de\ncuesta con la soleada ma\u00f1ana del domingo, tocaba la pendiente del descenso \u2013 que\nestaba inclinada, parec\u00eda m\u00e1s bien un carril completamente vertical \u2013 que la\narrojaba al fondo del abismo y no parec\u00eda que parar\u00eda pronto.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Si luchas, puedes ganar o perder; si no luchas, solo pierdes<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00edan pasado ya algunas horas y\nparec\u00eda que la ayuda nunca llegar\u00eda. La se\u00f1ora Cruz hab\u00eda luchado tanto como\npudo y hasta donde su fuerza y su edad le permitieron. Pero cuando una persona\nse siente acorralada, derrotada y perdida, llega un momento en el que salen\nfuerzas de donde sea, ya no importa en lo m\u00e1s m\u00ednimo el dolor y se pierde\ncompletamente el miedo a la adversidad. Es un todo o nada. <\/p>\n\n\n\n<p>En un arrebato de valor, un sobrino\nde Mar\u00eda se adentr\u00f3 en las oscuras aguas que reposaban en el primer piso de la\nvivienda. Se dispon\u00eda a abrir la puerta para botar el agua. Los sacos de arena\nsegu\u00edan ah\u00ed, no permit\u00edan que entrase mucha agua, pero claro, tambi\u00e9n hac\u00edan de\nmuro de contenci\u00f3n para el agua que ya estaba adentro. Cuando el joven abri\u00f3 la\npuerta se encontr\u00f3 con un paisaje desolador: toda la calle se encontraba\ncompletamente inundada. Parec\u00eda una vulgar recreaci\u00f3n de las calles en Venecia.\nSolo que nadie estaba adaptado a un hecho semejante.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>No eres uno sin los otros<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Es en ese momento que Mar\u00eda se dio\ncuenta de la magnitud del asunto. Ella hab\u00eda estado luchando arduamente para\nmantener su casa a salvo, tuvo la suerte de advertir tempranamente la\nsituaci\u00f3n, sin embargo, muchos vecinos simplemente despertaron y encontraron\ntodo el primer piso completamente inundado, nunca tuvieron tiempo de resguardar\nalgunas cosas, de&nbsp; llevarse a los ni\u00f1os o\nde siquiera, si se puede, prepararse psicol\u00f3gicamente para afrontar el\ndesastre. Hab\u00edan recibido un baldazo de agua fr\u00eda ni bien abr\u00edan los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda no pod\u00eda creer lo ciega que\nhab\u00eda sido. Se hab\u00eda concentrado solo en ella y ni siquiera hab\u00eda pasado por su\ncabeza avisar a los vecinos. No pod\u00eda quedarse sin, de alguna manera, tratar de\napoyar a los vecinos que en verdad hab\u00edan sufrido grandes p\u00e9rdidas. As\u00ed que\nempez\u00f3 a enviar galletas y algunas frutas que logr\u00f3 rescatar a los vecinos de\nal lado, quienes ni tan siquiera hab\u00edan podido desayunar en medio del ajetreo. <\/p>\n\n\n\n<p><strong>Entonces, lleg\u00f3 la ayuda (?) <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ya eran m\u00e1s de las cuatro de la\ntarde, el susto hab\u00eda pasado, pero la incertidumbre segu\u00eda remanente.\nEncontrarse cual peque\u00f1o velero naufragando por un mar de agua con esti\u00e9rcol y\nbasura, evitaba que Mar\u00eda pudiese tranquilizarse. El cielo estaba despejado, el\nsol golpeaba con sus potentes rayos los techos de las casas inundadas y el\ntiempo era caluroso, pero era un d\u00eda gris. Habr\u00eda sido una bonita oportunidad\npara ir al parque a jugar con los nietos, a pasar una tarde de domingo\ntranquila, almorzar algo rico y ver televisi\u00f3n por la tarde, pero toda la\nurbanizaci\u00f3n estaba encerrada en sus casas, algunos ni siquiera hab\u00edan\ndesayunado y qu\u00e9 sorpresa era ver que en el noticiero dominical comenzaban a\naparecer sus viviendas. Las calles que tantas veces hab\u00eda cruzado a pie para ir\na comprar al mercado parec\u00edan ahora querer ser cruzadas en bote a o nado, pero\nno caminando.&nbsp; <\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda y su familia pasaron un par\nde d\u00edas navegando a la deriva, entre el hambre y el miedo el tiempo pasaba muy\nlento, los minutos se hac\u00edan horas y las horas d\u00edas. Cuando lleg\u00f3 el personal\nde Sedapal para evaluar la situaci\u00f3n de los damnificados, el estado era\ncr\u00edtico. Ya hab\u00edan cortado la luz y no hab\u00eda agua potable, si habr\u00edan el ca\u00f1o\nsal\u00eda agua marr\u00f3n que apestaba. Eran condiciones infrahumanas por las que nadie\ndeber\u00eda pasar, mucho menos personas como Mar\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p>Si algo la afect\u00f3 notablemente fue\nla poca humanidad que manifestaron los agentes del orden. Solo pasaban a\nregistrar los da\u00f1os y el n\u00famero de personas. No ten\u00edan en cuenta la edad de los\nciudadanos afectados, el estado de salud ni tan siquiera el estado emocional en\nque se encontraban.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de ah\u00ed les empezaron a\nllevar almuerzo y desayuno todos los d\u00edas, puntualmente. Comenzaron a hacer\ninterminables colas para recibir un balde de agua, pero a\u00fan quedaban algunas\ncuestiones por resolver: \u00bfqu\u00e9 pasar\u00eda con todas las p\u00e9rdidas materiales?, \u00bflas\nrepondr\u00edan?, \u00bfqui\u00e9n era el culpable de todo?, y \u00bfcu\u00e1ndo acabar\u00eda?<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Estado de emergencia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando lleg\u00f3 la ministra del\nAmbiente, Fabiola Mu\u00f1oz \u2013 que ejerce como ministra de Agricultura y Riego desde\nmarzo del 2019 \u2013 las familias solo quer\u00edan que todo eso acabe. Junto la Polic\u00eda\nNacional del Per\u00fa, la ministra pas\u00f3 de casa en casa registrando los da\u00f1os y\nhaciendo que cada familia tire a la calle todos los objetos que hab\u00edan sido\ntocados por el aniego. Eran objetos infectados que podr\u00edan generar un cuadro de\ninfecciones y enfermedades que solo habr\u00edan tornado m\u00e1s cr\u00edtica la cat\u00e1strofe.\nCuando lleg\u00f3 a la casa de Mar\u00eda Cruz, le pidi\u00f3 que bote a la calle objetos de\ngran valor: sus dos refrigeradoras, juegos de comedor e incluso costosos\nmateriales del consultorio de podolog\u00eda que su hija hab\u00eda instalado en el\nprimer piso.&nbsp; <\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda se despoj\u00f3 de todos esos\nobjetos sin mayor problema, sin embargo cuando agentes de la PNP le solicitaron\nque tirase tambi\u00e9n una peque\u00f1a repisa con todos los objetos que se encontraban\ndentro, fue cuando se destroz\u00f3 su coraz\u00f3n. Ha pasado casi medio a\u00f1o de los\nfatales sucesos, pero cuando Mar\u00eda recuerda espec\u00edficamente este episodio,\nvuelven a brotar l\u00e1grimas en sus ojos. Ella es una mujer muy amorosa y\nsentimental, no le importa el valor monetario de los objetos, pero hay algunos\nque guardan para ella un valor emocional que no podr\u00edan repararse con un cheque\nen blanco. Con profunda tristeza, como si al botar los zapatitos que us\u00f3 su\nnieto para su bautismo, botase tambi\u00e9n cada sonrisa, cada abrazo y cada hermoso\nmomento vivido, Mar\u00eda se vio obligada a acceder a las peticiones de los\nagentes, bot\u00f3 cada objeto que en potencia podr\u00eda desencadenar infecciones y\nqued\u00f3 solo con los recuerdos en su memoria. <\/p>\n\n\n\n<p><strong>El tiempo vale m\u00e1s que el dinero y la alegr\u00eda, much\u00edsimo m\u00e1s<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El agua ya hab\u00eda casi desaparecido,\naunque apestaba terriblemente a desag\u00fce y basura, los ciudadanos que ah\u00ed viv\u00edan\nya se hab\u00edan acostumbrado al asqueroso olor. <\/p>\n\n\n\n<p>Sedapal le hab\u00eda cambiado a todos\nlos enchufes de tomacorrientes y se hab\u00eda reestablecido la energ\u00eda el\u00e9ctrica en\nel distrito, pero segu\u00edan sin tener agua potable para asearse o cocinar. Las inmensas\ncolas se segu\u00edan formando todos los d\u00edas y no hab\u00eda manera conseguir olvidar el\nmiedo y la zozobra vividos hace tan solo unos d\u00edas. Las peque\u00f1as fugas de agua,\nantes comunes, eran ahora s\u00edmbolo de alarma entre los vecinos quienes tem\u00edan\nvolver a pasar por los mismos padecimientos. <\/p>\n\n\n\n<p>A Mar\u00eda le devolvieron poco dinero\ndel total que hab\u00eda perdido. Pero simplemente fue imposible devolverle la\nalegr\u00eda, el tiempo perdido, la salud y mucho menos pudieron, ni podr\u00e1n,\ndevolverle la tranquilidad y la seguridad de que nunca m\u00e1s tendr\u00e1 que vivir\nalgo as\u00ed.&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cr\u00f3nica: Julio Lozano Cuando uno comienza a conversar con Mar\u00eda Cruz Centeno no podr\u00eda imaginar el dolor que lleva dentro despu\u00e9s de los d\u00edas de aniego que sufri\u00f3 el distrito de San Juan de Lurigancho a inicios de a\u00f1o. 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