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Fact Checking: cuando la desinformación obliga a actuar

Con la repercusión de la “infodemia”, causada por la pandemia del coronavirus, el fact-cheking surge como antídoto contra la desinformación. En ese contexto, varios grupos de fact-checkers* en todas partes del mundo se están vinculando, de una manera global y sistematizada, para actuar en contra del problema. Asi vemos el surgimiento de #TheCoronavirusFact Alliance y LatamChequea Coronavirus, dos plataformas cuyo objetivo es actuar oportunamente chequeando la veracidad de la información y advirtiendo de la falsedad – o veracidad – de los contenidos que circulan por los medios y redes.

Pero, acciones como estas no siempre se han dado. 

En el año 2016, por ejemplo, durante la campaña presidencial los candidatos Trump y Clinton en los Estados Unidos, algunos periodistas, utilizando plataformas de verificación, contabilizaron 217 falsedades expresadas por ambos candidatos. Según Univisión noticias, por cada mentira de la candidata demócrata, el republicano esparció cuatro. Ello provocó que en esta campaña política se comenzara a popularizar el término “posverdad”.

El Diccionario Oxford precisa que la posverdad “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. Esto podemos comprobarlo al escuchar, por ejemplo, las declaraciones de Bolsonaro quien compara al Covid-19 con un “resfriadito” y las aseveraciones de Donald Trump quien sugiere que se debe “inyectar desinfectantes” a los enfermos para “matar” al virus.  

Las redes sociales han jugado, y juegan, un papel central en la difusión de noticias de este tipo. En el caso de las noticias generadas contra Clinton tenemos que la red social Facebook había generado, en torno a ellas, más posteos compartidos que las exclusivas del New York Times y Washington Post. Sobre el tema el periodista Borja Echevarría (2017) cuenta asi su experiencia: “mientras los medios poníamos nuestra maquinaria a contrastar cada frase de los candidatos, otra maquinaria más ligera, barata y nacida en y para Facebook se convertía en la dieta fundamental para la burbuja conservadora antisistema. A ese entramado nadie le hizo fact-checking, no hasta que ya era demasiado tarde”. 

Ahora la desinformación se expande de una forma alarmante y no solo por Facebook, también lo hace por Twitter, Youtube, y Whatsapp. Es por eso que en los últimos años el trabajo del fact-checker no solo se ha focalizado en el discurso político, sino que se ha ampliado hacia las redes sociales. De allí nacen propuestas de diferentes medios de comunicación para contrarrestar la desinformación en todo el mundo. En el caso peruano contamos con OjoPúblico, Convoca, Salud con lupa, entre otros. 

El fact-checking desarrolla estrategias para estudiar y alertar sobre las nuevas formas de desinformación que se van generando, porque su objetivo es buscar la veracidad entre tanta mentira y posverdad, lo que nos lleva a defender la esencia del periodismo. Como dice José Antonio Zarzalejos (2017) “el periodismo, por una parte, y la comunicación deontológica, por otra, deben regresar a rescatar el relato veraz, contener el sentimentalismo, apaciguar y moldear los peores instintos y proclamar la superioridad de la inteligencia sobre la visceralidad. Ese es el fact-checking”. 

Fuentes: 

*verificadores de noticias, de información

@Genjy Simon Ríos: genjy.simon@unmsm.edu.pe / @MediaLabUNMSM

Lima, 5 de mayo del 2020

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