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Jean Pierre Gamarra: “La ciudad bajo el mar no es un espectáculo aniñado”

Entrevista

Jean Pierre Gamarra, director de ópera, deja de lado miedos y críticas para mostrar una propuesta diferente: La ciudad bajo el mar, una obra que apuesta por el niño de hoy y muestra una situación más realista y menos luminosa.   

Conmover al público no es una tarea tan sencilla y menos cuando se trata de transmitir historias mediante la ópera, género apoteósico y complejo, como recurso. Jean Pierre Gamarra asume el reto.  Uno de los directores peruanos más jóvenes y reconocido por su amplia trayectoria en el mundo del teatro y la ópera, decide romper con los parámetros y se propone atraer a grandes y pequeños a la temporada de Ópera 2019 en el Gran Teatro Nacional con la presentación de La ciudad bajo el mar,  con libreto de Maritza Núñez, música de Nilo Velarde y participación del Coro Nacional de Niños. Este es un trabajo que retrata la problemática de la ciudad de Meriterras, sacada del pozo de la fantasía para tal fin y cuyo escenario es el fondo del mar. Desde ahí se cuenta una historia en la que los protagonistas buscan soluciones para poner fin a la contaminación ambiental y salvar a los niños corales, y, con ellos, al mundo.

Al finalizar una de las presentaciones el director Jean Pier Gamarra comentó con el Club de Jóvenes Críticos los detalles de la obra.   

La ciudad bajo el mar tiene una producción muy completa, ¿cómo fue el proceso de esta ópera infantil?

Es la obra más difícil que he hecho en mi vida, más que Alzira o Pulgarcito (hablo del Teatro Nacional), ya que es una ópera que dura 55 minutos y tiene 18 escenas. Además que es en el fondo del mar y en la ciudad, es un cambio grandísimo. Sumado a que hay muchos niños y es un libreto muy difícil, por la duración y los gráficos. Se pudo realizar con la ayuda de Maritza Núñez, la guionista, la música de Nilo Velarde y todo el equipo detrás. Este proceso tenía que realizarse como ópera, ya que es una obra en donde hay un compositor de ópera, un libretista de ópera, un director de ópera y una orquesta de 70 músicos, entonces es para hacer una ópera. A partir de ahí se empezó a trabajar, hasta obtener el resultado final.

La ciudad bajo el mar, a diferencia de otras funciones infantiles, muestra un tratamiento distinto, se podría decir que más crítico, oscuro y realista a través de la iluminación, la música y el contenido.

Exactamente. Bueno hice La ciudad bajo el mar en el 2013, pero era un montaje totalmente diferente. Un poco más colorido, en esa época entendía la obra como una cosa de esperanza y una puesta en escena con proyecciones y, en este sentido, era muy tecnológica. Cuando me la proponen hacer nuevamente, volví a leer la obra y ya no la veía como una obra colorida y bonita. Entonces pensé que primero que nada voy a hacer una cosa un poco más oscura, menos positiva. Por ejemplo, se tiene la idea de que para el niño tiene que ser todo iluminado, en cambio yo dije que utilizaría más oscuridad, una ópera dramática. Quise crear algo más real y también me hizo pensar más en recrear Lima. También pedí no usar proyecciones y que sea un espectáculo totalmente teatral (a excepción del televisor, que es de madera, pero la imagen sí es proyectada). Esto más que nada porque me di cuenta que los niños ahora están acostumbrados a la imagen digital y al 3D. A mi generación cuando llegó el Nintendo y el Playstation nos sorprendió, en cambio para esta generación es normal. Pero para un niño de ahora sí es nuevo ver que las cosas se mueven mecánicamente, o sea, me parece importante utilizar otros recursos para llamar la atención del niño realmente, porque algo digital ya es cotidiano y un poco que fui en contra de la corriente. Cambié todo drásticamente e hice una cosa poco más operística. Y, bueno, hay gente que le gusta y hay gente que dice que los niños necesitan otra cosa; sin embargo, el niño no me dice nada, el niño que ha venido le ha gustado, el niño que ha venido se ha divertido, el niño que viene tiene un cambio. Y si alguno de ellos va al fondo del mar se va a dar cuenta que es oscuro, como se muestra en esta versión.

Mencionaste que esta versión recrea la ciudad de Lima.

Sí, como decía de Lima, quería sacar una versión propia de la ciudad de Lima. Así surgió la idea de un piso de metal, parecido al color gris de la ciudad, un mar gris y el cielo no necesariamente celeste. Entonces puse una especie de caja negra con gris, ya que Lima es gris. Todo gris para dar una representación industrial y busqué dar color con el vestuario; porque si tú observas Lima y miras al oeste ves todo gris, el mar gris, el cielo gris y lo único de colores es la gente y el vestido, es decir, somos nosotros los que damos color a la ciudad.

Tu obra se acerca mucho a nuestra realidad y nos hace dar cuenta de la problemática ambiental y se podría decir que también social, como se muestra con las autoridades. ¿Tu obra también es una crítica por ese lado?

Completamente, creo que era un modo teatral para hacer que la gente despierte. A través de un personaje falso un poco para criticar esta situación, sin ofender a ningún personaje específico. La crítica va más al sistema que vivimos. Como, por ejemplo, la mamá que no cree en los niños representa ese tipo de adulto que todavía no ha entendido o el personaje burócrata y el alcalde de la obra, que representan un estándar en lo que somos como sociedad. Porque muchas veces se trata de una generación que está acostumbrada a este sistema, no porque sean malos, sino porque es parte de un mundo en donde nos enseñan una cosa y nos quedamos con ello. El único modo de romperlo, yo creo, es comprender que es posible el cambio siendo parte de este, como por ejemplo en la obra, la mamá que cambia su chip, eso es algo alentador.

¿Cuáles han sido las principales complicaciones para el desarrollo de La ciudad bajo el mar?

Uno tiene que luchar con muchas cosas, con la gente en general. Por ejemplo, cuando hicimos la obra nadie quería que pongamos los corales en el Perú, ya que me decían que en el Perú no hay corales. Decían: “No queremos que la gente en Facebook diga que el Perú no tienes corales” y yo decía que la gente que diga eso no está pensando en una obra de teatro, está pensando en otra cosa. Es como en Estados Unidos que ponen a la Mujer Maravilla, todos la ven y nadie cuestiona que existe o no.  Por ejemplo, hice Pulgarcito el año pasado y también hay una lectura un poco más oscura, un bosque oscuro donde los niños se pierden. La temática de los compositores es un poco más alturada. Había una lectura ambigua en el final de la obra. Así, son obras que han devenido en un espectáculo un poco más oscuro. Y el submarino Turtle Junior también fue una locura, ya que algunos decían que en vez de un caballo ponga una tortuga. Sin embargo, yo decía que el niño no se va a dar cuenta, o de repente algún niño que hable inglés se iba a poner a pensar que por qué era un caballo y no una tortuga, pero podría sacar sus propias conclusiones libremente. Y, bueno, conversando con la guionista, que es Maritza Núñez, me dijo que no le puso Turtle por una tortuga; si no que ella me dijo que era en honor a un submarino que se llamaba Turtle y por eso le puso Turtle Junior. Hubieron ese tipo de cuestiones en el proceso, yo creo que todo arte en sí crea conflicto.

¿Cómo lograr que una propuesta diferente y la ópera atraigan al público en un contexto no muy familiarizado con este tipo de producciones?

Yo creo que la idea inicial fue crear un espacio bastante raro para que ya no se rechace lo extraño. En un espacio así sentía que era más rápido funcionar, por ejemplo un contexto raro como el de los niños que son los que realizan la marcha, ya que el público en Perú puede decir: “¿y dónde están las mamás?” y ese tipo de reflexiones que la gente tiene. A veces somos un poco como el personaje cuadriculado de la historia. Entonces quise poner ese tipo de elementos para que un poco la gente se rompa y se descuadre, porque a veces nos hacemos muchos problemas. Y para hacer que eso funcione, volviendo a la pregunta, creo que es que la gente tenga cosas extrañas, como un niño coral, y cosas naturales, como un niño que juega Mario Bros o una mamá que resondra a su hijo.

La ciudad bajo el mar le muestra algo diferente al niño y lo hace partícipe del cambio y la acción. ¿Tu obra apuesta por el niño de ahora? ¿Qué futuro ves para las nuevas generaciones?

Completamente, yo quería dar una oportunidad al niño. Yo creo que es un momento importante, ya que los niños de ahora, si los guiamos bien y sin ponerles parámetros en la cabeza (que solo los adultos tenemos), yo creo, van a ser menos homofóbicos, menos machistas, menos agresivos con la gente diversa, van a ser menos racistas, van a ser menos consumistas, porque ya se ve. Yo creo que el mundo está cambiando para bien, en ese sentido, pero tiene que ser un camino que tenga un proceso. Y los niños forman parte de este cambio y por ello (en la obra) también se incluyó a los niños en la marcha, para que ellos puedan entender que son parte de este proceso porque tienen acción. En este caso depende del niño, el niño que tiene una iniciativa y que tiene poder.  Hoy en día los niños tienen el poder de generar cambio, tienen esa conciencia.

Entrevista realizada por Diana Ortiz

Diana.ortiz@unmsm.edu.pe

Fotografía realizada por Ronald Cueva

Ronald.cueva1@unmsm.edu.pe

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