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Por un ministerio de la ciencia

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En estos tiempos de pandemia y de miedo generalizado, se ha acudido de manera firme e indiscutible a la ciencia. Eso demuestra su trascendente importancia. A pesar de esa vital posición que tiene en la comunidad, no se ha reconocido el papel fundamental que juega entre nosotros. Es más, su ubicación dentro las estructuras de poder suele ser periférica. O más bien, periferizada, es decir, dejada de lado sistemáticamente. Incluso, ha sido combatida por aquellos que creen que son los dioses o la magia quienes resuelven los problemas. Es más fácil buscar explicaciones fuera de la razón y apelar a textos sagrados o engañosos subterfugios esotéricos.

Sin embargo, la solución vendrá de los laboratorios, del trabajo dedicado, minucioso, intenso, de cientos de científicos. Una vez más la ciencia acudirá a salvar a la humanidad. El Perú no escapa de esa situación. Inclusive se ha visto como salida desesperada inyectar presupuesto a los entes que gestionan parte de la promoción de lo científico. El CONCYTEC, con su loable resistencia, es un ejemplo de que no todo está perdido, pero entendiendo que su rol aún es distante de los centros de decisión nacional.  Y ya debe tener rango ministerial. Tiene que tener la autonomía suficiente para influenciar rápida y positivamente. Es realmente el momento de tomarse las cosas en serio. Una cuestión básica de sobrevivencia como país pasa por entender, de una buena vez por todas, que apostar por la educación y la salud es lo que nos hace viables. Ello se hace diseñando políticas sostenibles y construyendo procesos ágiles para gestionar con eficacia los recursos. Recordemos que por definición los recursos son escasos. Por lo tanto, hay que administrarlos con precisión e inteligentemente. Con todo, hay que incrementar exponencialmente, a la altura de su nuevo rol inminente, todos los medios necesarios para el éxito de cualquier organización y sus estrategias planificadas.

Un principio para perdurar como país es asumiendo lo fundamental que es la ciencia. Es ya una exigencia moral. Cualquier programa gubernamental que no la incluya es, cuando menos una irresponsabilidad. Y ello debe establecerse tal como exigen los protocolos administrativos actuales, interiorizando una institucionalidad que procure sostenerse. Está sumamente claro que, sin recursos, sin gente capacitada y entrenada para liderar, estamos condenando al fracaso cualquier proyecto, por más ambicioso y legítimo que sea. Por ello, la ciencia, como ruta de equidad y democracia, debe estar indispensablemente en toda mesa de negociaciones de gobierno de nuestro país. Una nueva gobernanza moderna, a la altura de las circunstancias, tiene que tener lo científico como horizonte de trabajo. La ciencia, no lo olviden, tiene un poder disolvente de cualquier ilusión, de toda ficción.

Por: Rubén Quiroz Ávila. Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía

Este artículo fue publicado en El Peruano: https://elperuano.pe/noticia-el-poder-de-ciencia-97314.aspx

Lima, 24 de junio de 2020

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