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Vives en mi territorio, te alimentas, respiras en él, pero estás dejando que me mutilen

La degradación de la tierra, al fin y al cabo, involucra la nuestra como especie humana. Las insidiosas alteraciones realizadas al planeta Tierra han originado procesos mortíferos. Uno de ellos de nombre casi gimnástico: saltos taxonómicos —entendido como el paso de virus de  los animales a los seres humanos—. Hasta tiene potencial como deporte internacional. Después de todo, será lo único que “jugaremos” este año y los siguientes si mediante la depredación de territorios y un negligente desarrollo industrial, convocamos a potenciales especies vectores de enfermedades. 

Murciélagos y pangolines han sido señalados como responsables de la actual pandemia. Pero ya hace tiempo que algunos científicos han desmentido esta teoría y afirman que la culpa es de otra especie, conocida como Homo sapiens, en terminología científica.

La teoría que apunta a la creación del virus resulta injusta, pero fácil de creer, porque hace que volteemos con un gesto de desaprobación  —acompañado de unos brazos cruzados y ojos entrecerrados— a ver a ese maquiavélico grupo desarrollador del virus pandémico. Cuando esa mirada tendría que ser multidireccional y con ángulos de visión enormes que alcance para vernos y ver los límites a los que hemos permitido que llegue nuestra sociedad. Creer tal teoría nos conviene, pues como afirma la bióloga Lorena Haurigot, eso nos exonera de culpa sin la necesidad de modificar nuestros estilos de vida, además de ahorrarnos unas horas de reflexión. 

Apenas lo conocemos

El humano, sumido en su individualismo, olvida la presencia de las 8,7 millones de especies— entre animales, plantas, hongos, protistas y bacterias— que habitan el planeta. Y eso que se trata de una cifra conservadora en su aproximación, ya que se cree que un 86% de las especies de la Tierra aún no han sido descubiertas. Lo cual hace que nuestra destrucción sea más torpe aún. Estamos transformando hábitats, como indica el zoólogo Jonathan Baillie, sin conocer el verdadero impacto sobre las especies que viven en ellos. 

Tiempo absurdo, pero daño exponencial 

Somos el único organismo viviente capaz de cuestionar su existencia; sin embargo, la fiebre progresista nos impide observar lo insignificante —pero destructiva— que puede llegar a ser nuestra humanidad. Utilicemos un pequeño extracto de la lógica del filósofo Albert Camus de forma convenida tan solo, y unicamente, para entender en términos de tiempo lo insignificante del paso del ser humano por la Tierra.

El origen de nuestro planeta se dio hace unos 4 500 millones de años, la primera vida celular hace unos 3 500 millones de años; la humanidad hace unos trescientos mil años, y según un estudio internacional publicado por la revista Nature, el calentamiento global empezó hace 180 años, en consecuencia de la Revolución Industrial. De ahí que la existencia de la humanidad representa un 0.000 06% de la existencia de la Tierra y un 0,000 000 04% si tomamos en cuenta  el tiempo que nos tomó darle inicio al aumento de temperaturas. Son irrisorios, pero nos han bastado esos absurdos porcentajes de tiempo para empezar con un proceso de destrucción acelerada y ubicua, pero muchas veces imperceptible, de nuestro planeta.

El desalojo 

Stephen Hawking, una de las figuras más influyentes en el mundo de la ciencia, afirmó que ante un posible “punto de inflexión” —momento en el cual el calentamiento global se volvería irreversible, provocando temperaturas de 250°C y lluvias de ácido sulfúrico— es mejor que dejemos la Tierra en los próximos cien años para evitar vivir un cataclismo. Eso salvaría a la especie, porque evidentemente no todos entraríamos en la nave salvadora, a menos que Elon Musk y SpaceX, además Elon Musk, Jeff Bezos o Richard Branson (magnates interesados en buscar vida en otro planeta, y no en vano) empiecen con la creación de transporte espacial para 11 200 millones de personas  (cifra calculada para el 2100 por Naciones Unidas). 

Sin embargo, resulta obvio y más por el sistema desigual que nos conduce, que de cumplirse la predicción de Hawking, millones de personas, que serían las que normalmente pagan pato por las acciones de los grandes contaminadores, podrían desaparecer de una manera poco agradable; y a la vez, vergonzosa de ser recordada por futuros grupos —suponiendo que llegaran a existir y nos estudien desde Marte—,  tomando en cuenta la pasividad que habría llevado a la extinción.

Ciertamente nuestra idea de conjunto la tenemos enterrada. Nos tiene que llegar un virus para compadecernos del sufrimiento. Cuando el padecimiento humano no es contextual. Esos mismos problemas respiratorios que ahora tanto nos impactan son la causa de muerte de millones de personas; quienes, por sus condiciones de vida, se enfrentan en primera línea a los estragos de la contaminación del aire. 

Infectados ambientales

Rara vez estamos tan pendientes del número de muertes de la población humana. Aprovechando el interés aquí algunas cifras. Solo en España, uno de los países más golpeados por el Covid-19, al año se registran 10,000 muertes prematuras a causa de los contaminantes atmosféricos. Cifras de la OMS, actualizadas para el 2016, mostraron que el 24% de las muertes globales están relacionadas con el medio ambiente: un total de 13,7 millones de muertes al año. 

Las principales causas de fallecimientos son los accidentes cerebrovasculares,cardiopatía isquémica, cáncer y enfermedades respiratorias crónicas. Sin embargo, los impactos son desiguales. Así, las tasas de mortalidad más elevadas para los infectados por el SARS-CoV2  podrían estar relacionados con las condiciones de vida de la población que se encuentra expuesta a elevados índices de contaminación atmosférica, cuyo sistema inmune se encuentra debiitado.

Urge un debate permanente 

Días de confinamiento pueden ser ideales para repensar los conceptos que guían nuestras acciones. En este ejercicio analítico, los medios de comunicación tienen gran incidencia debido a su capacidad de  mantener vivo un debate. En ese sentido, el campo  en el entorno medial dedicado a esta cuestión es conocido como periodismo ambiental, el cual tuvo sus inicios en el interés de los medios por el impacto ocasionado por la Segunda Guerra Mundial. El periodismo ambiental busca mejorar las relaciones entre los humanos y el medio ambiente. 

Para abordar cuestiones medioambientales es preciso hacer énfasis en el rol educativo de los medios. Diversos autores han planteado una serie de recomendaciones para el tratamiento periodístico en la materia en cuestión. Entre ellos, Fernando Checa  quien resaltó seis aspectos fundamentales:  i) actualización permanente y metódica del tema,  ii) información sistemática y crítica, iii) contextualización, iv) planteamiento de alternativas de solución —así evitar la frustración del lector y normalización del tema—, v) fomento de la participación, y vi) uso de fuentes informativas alternativas. Si bien estos aspectos fueron desarrollados en 1995, son perfectamente adaptables a la actualidad. 

Por otro lado, la periodista española María José Pico Garcés aseguró en su artículo de investigación del 2014 que si bien el periodismo ambiental y la divulgación son ámbitos diferentes, el primero deberían favorecer una estrategia comunicativa cuyo fin sea lograr una actitud favorable de las audiencias hacia los trabajos de divulgación científica, lo cuales exigen un papel activo en su búsqueda por parte de público

Nuestro hogar no se limita a los pocos o muchos metros cuadrados —de techos bajos o elevados, de material concreto o no, con pocos o muchos ambientes— que nos mantienen a salvo en estos días de aislamiento. Nuestro hogar es este planeta aún enigmático en muchos aspectos que está siendo destruido por la acción humana, ya sea por las industrias que manejan o la aceptación implícita que representa el obviar el tema. Nuestra acción puede ir más allá de ser buenos con el ambiente y dejar de pedir el sorbetito para el jugo.  Si a nuestra especie le ha bastado ridículos porcentajes de tiempo para empezar un proceso riesgoso, podríamos estar a tiempo de emprender transformaciones. Y qué mejor si los siempre omnipresentes medios de comunicación, utilizan su poderío para lograrlo. 

@ Shanna Taco Loaiza: shanna.taco@unmsm.edu.pe

@MediaLab UNMSM

Lima, 12 de junio de 2020

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