El movimiento corporal nos envuelve en la historia
¿Cómo se sienten al apreciar una obra artística? Cuando escuchamos la tercera llamada y se apagan las luces, formamos parte de ese nuevo mundo del cual no sólo seremos espectadores sino también partícipes de una escena artística, adentrándonos en la musicalidad, en los movimientos del baile y en la historia de la actuación.
Esa sensación la vivimos cuando fuimos a ver El jardín del fauno y otras cuatro creaciones coreográficas, Paquita, Reus, Purple Bend I, But I never saw another butterfly again. Todas estas piezas constituyen una obra escénica que apostó por elevar el nivel técnico de sus bailarines y exploró nuevas formas de lenguaje escénico como la gravedad y la velocidad. Esas técnicas fueron mostradas por el director artístico del Ballet Nacional del Perú, Jimmy Gamonet, en la Segunda Temporada 2018 de esta compañía en el Gran Teatro Nacional.
Esta propuesta del maestro Gamonet se ve reflejada en la coreografía de Reus, representación de un juicio, en el que los bailarines se mueven de manera instintiva reflejando el personaje de acusado, juez y jurado y en la que este último tiene un mayor desplazamiento en el escenario donde expresa el poder que tiene sobre el acusado. La naturalidad del desenvolvimiento corporal de los bailarines logra que el espectador sienta tristeza, enojo y confusión en cada paso, salto y palmada que va al ritmo de la melodía.
Purple Bend I es una pieza artística que no tiene una historia explícita, es decir, el espectador le da sentido a la coreografía según lo que aprecie. Al inicio se presentó como una escultura que comenzó a cobrar vida. Además del movimiento minimalista que desarrollaron el dúo de mujeres, también se observó un trabajo abstracto porque el desenvolvimiento corporal de las dos jóvenes no tuvo una conexión con la línea melódica de fondo.
But I never saw another butterfly again, es una coreografía que tiene como eje temático el Holocausto donde una madre busca el cuerpo de su hijo. En la escena, los colores de la vestimenta, azul y morado, y la kinestésica de las bailarinas honra la intención original del compositor que es sentir el momento de tristeza y esperanza que pasa la madre. Tristeza por la pérdida del hijo y esperanza porque recuerda que ella junto a otras madres, todavía están vivas.
Se observa en Paquita, un estilo de danza llamado «danza divertimento» que es la agrupación de movimiento y secciones donde primero se presenta al cuerpo de baile integrado por los solistas y los principales; después vienen las variaciones en las que se muestra el nivel técnico de los solistas y principales y al final se vuelve a mostrar al cuerpo de baile. Se trata de un ballet de repertorio internacional muy conocido. Para entenderlo se debe agrupar las piezas de baile como un rompecabezas.
El jardín del fauno se compone de una serie de danzas festivas que giran alrededor de Pan, una criatura que es mitad humano y mitad animal. Los seres vivos bailan y celebran la vida en el bosque. En esta pieza artística, las luces son importantes porque balancean el espectáculo y sirve para diferenciar los periodos del día, en la mañana con un color rojo, el color naranja en la tarde y la noche de un color azul.
Escrito por: Carolina Amable
Fotografía: Natali Conde
Correo: carolina.amable@unmsm.edu.pe
En busca de Beethoven en la música. Galería
Mi primer concierto trae el espectáculo musical: Beethoven y otros héroes a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil Bicentenario, dirigida por Pablo Sabat, junto a la actriz y músico española, Ana Hernández Sanchiz. El repertorio nos presenta, a través de grandes piezas musicales: Obertura Coriolano, OP. 62, Obertura Egmont, OP.84 y Sinfonía N°3 “Heroica”, a Ludwig van Beethoven, uno de los más brillantes músicos de la historia y nos traslada, en la imaginación, al tiempo en que vivió.
Primera Pieza: Obertura Coriolano, OP. 62


Segunda Pieza: Obertura Egmont, OP.84


Tercera Pieza: Sinfonía N°3 “Heroica”



Ficha Técnica:
Director Artístico: Pablo Sabat de la Orquesta Sinfónica Juvenil Bicentenario
Técnico de escena: Moisés Apaza
Fotografía: Natali Conde
natali.conde@unmsm.edu.pe
Lima, 28 de octubre de 2018
Finalizó el curso Big data, cibercultura y verificación de fuentes político-mediáticas . A lo largo de diez sesiones se han desarrollado los temas «Comunicación, redes y fuentes informativas», a cargo del profesor Juan Carlos Marcos Recio, de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) ; «Cibermedios, transparencia y ética de la información», con el profesor Alonso Estrada Cuzcano, de la UNMSM; «Ciberinformación, big data y nuevos medios» con Jesús Miguel Flores Vivar de la UCM, «Tecnologías emergentes y empoderamiento a través de las redes sociales», con los profesores Ernesto Carrasco Benites y con Jacqueline Oyarce-Cruz por UNMSM.
Escuela Complutense Latinoamericana 2018 en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Aquí un recuento en fotos de las dos semanas intensas de estudio compartidas con participantes de Bolivia, Colombia, España, México, Puerto Rico y Perú. #ECL_Lima
La próxima edición de la Escuela Complutense Latinoamericana será en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia – 2019














Componer en tiempos de sordera
¿Sabes quién fue Ludwig Van Beethoven?¿Alguna vez has escuchado sus sinfonías en vivo? Si no es así, ¿cómo crees que sería tu primer concierto sinfónico con la música de este compositor?
“Mi primer Concierto: Beethoven y otros héroes” es una función didáctica que introduce a niños, jóvenes y adultos en la música “clásica”. En esta ocasión, Ana Hernández Sanchiz, actriz y pedagoga musical, y Pablo Sabat, director de la Orquesta Juvenil Nacional Bicentenario (OSNJB), sumergen al público en la música del compositor y pianista alemán Ludwig Van Beethoven.
Algunas personas describían a Beethoven con un carácter “odioso, obstinado, misántropo” como se expresa en el Testamento de Heiligenstadt. Sin embargo, nadie conocía, hasta entonces, el secreto que lo hacía padecer: la sordera. Esta enfermedad, que se fue progresivamente agravando, lo llevó incluso a considerar el suicidio, pero fue “el arte, nada más que el arte” lo que lo disuadió de tomar tal decisión, como él mismo expresó en el texto antes mencionado que data del año 1802.
En 1805 se estrena la que sería su sinfonía más importante: la sinfonía n.° 3, que fue compuesta para Napoleón Bonaparte, aunque luego que este se autoproclamara emperador, fue nombrada “Heroica” pues celebraba la memoria de un gran hombre.
Y si de grandes hombres se habla, Pablo Sabat, director de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil Bicentenario (OSNJB), comparte la característica de Beethoven de ser pianista y director de orquesta. Es él (Sabat) quien dirige a la OSNJB de tal manera que las piezas tocadas nos trasladan a la época de Beethoven.
El público no solo se deleita con las melodías, sino también con ver cómo Sabat siente cada acorde, que se refleja por la energía con la que mueve la batuta y por los gestos de su rostro. Una característica particular que se evidencia es que grita cuando quiere dar una indicación, estos gritos pasan desapercibidos pues el volumen de la música es mucho mayor. Sin embargo, me parece importante resaltarlo porque tanto los integrantes de la OSNJB como Pablo Sabat reciben la retroalimentación necesaria para que la pieza se ejecute con precisión.
Otro personaje importante es Ana Hernández Sanchis, quien nos cuenta, a través de la narrativa, la vida del compositor alemán y las características de las sinfonías que escuchamos. Así, el viaje por cada una de las piezas musicales se hace mucho más dinámico y comprensible. Nos ponemos en los zapatos de Beethoven y la época en la que vivió para tratar de entenderlo. Para este momento muchos se deben preguntar ¿cómo puede una persona que se va quedando sorda componer una de las mejores sinfonías de todos los tiempos?. La respuesta se nos da en los escritos de los Cuadernos de conversación del compositor alemán. En estos él dice que su oído no le hace falta en el bosque, pues “todos los árboles me hablan, y su lenguaje llega perfectamente a mi alma”. Además que “cuando la música suena en mí, oigo siempre toda la orquesta”.
“Mi primer concierto: Beethoven y otros héroes” nos deja un mensaje principal, que es lo le dice Beethoven a su amigo Franz Wegeler al darse cuenta que su sordera se agravaba: agarrar el destino por el cuello y desafiarlo.
Referencias bibliográficas
Rosell Antón, J. A (2017). Ludwig van Beethoven. Seminario Médico, 62(1), 31-64. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6337420.pdf.
Ruiz de Linares y Santisteban, E. (1984). El testamento de Beethoven. Boletín de la Institución Fernán González, 63( 203), 375-378. http://riubu.ubu.es/bitstream/10259.4/1931/5/0211-8998_n203_p375-378.pdf
Por Johana Perleche
No más temor
Una vez más, el Programa de Formación de Públicos (PFP) del Gran Teatro Nacional (GTN), en coproducción con el British Council, presentó la función didáctica Turno, escrita por la novelista británica Jenny Valentine y dirigida por Fernando Castro, para estudiantes de los diferentes colegios privados y públicos de Lima.
La obra nace a partir de conversaciones de dos talleres con jóvenes de las agrupaciones artísticas Puckllay de Lomas de Carabayllo, Comité Metropolitano de Estudiantes (COMETE), Kactus de San Juan de Lurigancho y estudiantes de la red de colegios del PFP. Surge con el objetivo de visibilizar los distintos problemas que poseen como la violencia de género, la ausencia de empatía, la discriminación entre situaciones socioeconómicas y la importancia de sentirse apoyados en su desarrollo personal.
La historia gira en torno a cinco adolescentes ex-compañeros de un taller de teatro, sin embargo, por la intervención de un padre de familia, estas clases llegan a su fin al igual que su amistad. Años después, por alguna razón que todos desconocen, se volverán a unir. En dicho encuentro ellos descubrirán sus sentimientos y deseos más profundos así como el motivo de su reunión. Ellos son Blanca, Alonso, Vanessa, Lucas y… ¡Julia!
Todo se desarrolla en un colegio con diferencias socio-económicas muy marcadas ya que sus aulas albergan no solo a estudiantes pertenecientes a familias adineradas, los de turno mañana, sino también a muchachos de escasos recursos económicos como los del turno noche. Dos mundos opuestos cuya unión parece imposible.
Julia representa el “puente” que logrará unir estos dos grupos. Aunque ella no esté presente -al menos no físicamente-, su espíritu deambula por el mismo espacio donde están sus compañeros y siente cómo se crea un ambiente de tensión porque ellos no dejan sus diferencias de lado ni reconocen que se necesitan.
Pero, ¿por qué está en esa situación? Pues, porque Julia solo confió en un amor tóxico y violento que, en un arrebato de celos, la revistió de sangre. En ese debate entre la vida y la muerte, su cuerpo sufre por la puñalada que le propinó su enamorado y su alma se daña con toda la violencia que le muestran sus ex-amigos.
Ellos también luchan con su propia realidad. Alonso, por ejemplo, un muchacho que considera que los de turno mañana y turno noche no se deben “mezclar” jamás, se muestra como una persona dura pero, en realidad, es un mecanismo de defensa pues proviene de un hogar machista. En el fondo es un ser sensible que teme mostrar sus sentimientos por miedo al “qué dirán” de los demás, en especial, de su padre.
Como él, Vanessa del turno noche, en su imagen de mujer agresiva, esconde a una chica llena de aspiraciones que provoca las burlas de sus compañeros, sobre todo de Alonso, a quien le dará batalla hasta el final por considerarla incapaz para soñar en grande solo por ser mujer e hija de una humilde trabajadora del hogar.
Por otro lado, Blanca es la típica chica que lo tiene todo: lujos, joyas y accesorios bonitos, pero solo anhela libertad para expresarse sin miedo y tener la oportunidad de estudiar lo que le apasiona, el arte. Aquello no le será posible porque vive sometida al mando de su padre.
Lucas, en cambio, es el más idealista del grupo. Él, al igual que Vanessa, pertenece al turno de la noche. Utiliza muletas, pero ello no le impide avanzar. Siempre analiza cada situación a tal punto de perderse profundamente en sus ideas, además se preocupa por lo que ocurre a su alrededor. Él es quien reconoce a Julia como el motivo del encuentro entre los dos turnos.
Todas estas historias que cada personaje va revelando, lo que sufren en silencio y las cuales nunca habrían expresado si no fuera por Julia. “Ella es la sacrificada para que estos chicos abran los ojos. Tuvo que pasar eso para que ellos se den cuenta de lo terrible que ha sido, se convierte en una inspiración para el grupo. (…) Convertir algo tan doloroso y triste como una muerte también impulsa una oportunidad de cambio”, comenta el director Fernando Castro.
Y lo interesante es que lo manifiestan de una manera particular pues la obra contiene gran cantidad de diálogo. Es destacable cómo los actores Déborah Boquerizo, Diana Chávez, Diego Sakuray, Daniela Trucíos y Sammy Zamalloa mantienen la concentración para decir cada una de sus líneas con una gran rapidez y no perderse en el desorden. Sin duda, una técnica bien trabajada para retener la atención de los asistentes.
Además, usa un lenguaje coloquial que es rápidamente entendido como las “lisuras”. Esto con el fin de crear un vínculo más íntimo con el espectador. “La idea es que los chicos se peguen con lo que está pasando. Hay que hablar de la violencia, ese es el mensaje real de la obra”, añade Castro.
Sin duda, una representación que aporta una nueva forma de contar experiencias reales que en algún momento alguien ha pasado y no lo ha podido dialogar. En esta oportunidad, el teatro sirve como una herramienta para expresar la realidad de muchos adolescentes durante una etapa llena de cambios y, sobretodo, reconocer la violencia como un problema que se ha normalizado. Hemos callado tanto frente a estos actos que el propósito de Turno es que los estudiantes busquen ayuda y no tengan temor a hablar de violencia.
Por Andrea Cáceres
silvia.caceres1@unmsm.edu.pe
Lima, 18 de octubre de 2018
Jimmy Gamonet: «La imaginación es la parte más bonita…»
La Mariposa de Friedman
Pero aquí he encontrado lo que amo:
Los amargones me llaman
y las blancas ramas de los castaños del patio.
Solo que nunca más vi una mariposa
A los 13 años de edad le tocó presenciar, sentado en una butaca del Teatro Segura, la obra “Noche de Walpurgis” sin saber, en ese momento, lo que el futuro le deparaba con el baile y la coreografía. Su carrera como artista lo llevó a ejercer importantes puestos en el mundo del ballet y, luego de tres décadas fuera del país, en el 2016 asumió la dirección del Ballet Nacional del Perú. Este año, como parte de la Segunda Temporada del 2018, por segunda vez presentó “El Jardín del Fauno” en el Gran Teatro Nacional. Sentado en uno de los ambientes de vestuario del GTN, Gamonet comenta al Club de Jóvenes Críticos los detalles de dicha presentación.
«En realidad, no estás viendo nada, tienes dos personas en el escenario y ya tienes una relación ahí».
Carla Anamaria: ¿Cómo ha cambiado el ballet en el Perú?
Jimmy Gamonet: Yo tuve la suerte de pertenecer al Ballet Nacional en 1979, justo un año antes de irme del país- me fui en el 80 como hace 38 años- y tuve la suerte de conocer al elenco. En esa época lo que se hacía era muy distinto a lo que se hace ahora, pues se realizaban trabajos modernos, contemporáneos o algunas veces clásicos. Pero antes de ello, cuando se fundó la compañía con Kaye Mac Kinnon, la línea musical tenía piezas folclóricas desde Huaylash, Pistha como danza selvática o la marinera; y todas ellas fueron llevadas a la danza clásica. Kaye le dio ese estilo a la compañía. Ya después entraron otros directores que experimentaron de otra manera. No obstante, lo más interesante del asunto es que existe una línea constante: “el entrenamiento clásico”. Inclusive trataron de llevar a la compañía a un territorio más contemporáneo, un intento que duró por dos años; sin embargo, no funcionó tan bien, pues en primer lugar los bailarines no son modernos o sea pueden hacer ballet contemporáneo pero sus cuerpos están condicionados y preparados para hacer muchas cosas clásicas. Entonces cuando me ofrecieron venir a dirigir la compañía me pareció que, en este momento, el neoclasicismo es lo que más le hace justicia al estilo que lleva la compañía porque te da la libertad de poder experimentar con movimiento de la manera que deseamos y a la misma vez mantener la raíz que es el clasicismo.
Natali Conde: Desde su experiencia como coreógrafo, ¿qué se necesita para que una persona se forme y se desarrolle como coreógrafo?
Jimmy Gamonet: Primero, me imagino que debemos tener la necesidad de mover cuerpos. Conmigo empezó desde muy niño, en la primaria, para el día de la madre o cualquier evento que hay en el colegio. Yo hacía las coreografías desde muy pequeño -ocho o nueve años- pues me gustaba reunir a mis compañeros, poner la música y armar los pasos. Eso se transformó con el tiempo. Bailé por muchos años y siempre tuve la necesidad de componer canciones y mover cuerpos; ya que para realizar una coreografía tenemos que ser críticos y apreciar lo que vemos, llegando a tal punto en que digamos: “Yo lo haría de esta manera”; pues si no llegamos a ese análisis nunca vamos a poder coreografiar. Me acuerdo que en una entrevista abierta al público en Miami, me hicieron la misma pregunta y yo respondí “Creo que fui criticón» desde el primer momento; me gustaba criticar todo lo que veía”, entonces me dijeron “si criticas tanto ¿por qué no lo haces tú?”. “Pues bien, entonces lo hago yo”, me dije.
¿Que se necesita saber para ello? Primero debemos tener conocimiento del idioma físico que vayamos a manipular; ya sea el clásico, el contemporáneo, moderno, el hip hop o las danzas sociales. Tenemos que tener un buen conocimiento del vocabulario. No solo para copiar; sino para poder hacer variaciones y sentir la libertad de crear y mezclar. Además tener conocimiento de música, historia, producción, escenografía, vestuario, la técnica en sí, el baile y cosas que nos alimentan.
Natali Conde: ¿Existe alguna diferencia en la comunicación que tiene con los bailarines en una obra abstracta y en una obra narrativa?
Jimmy Gamonet: Por supuesto, en obras narrativas es relativamente fácil, por ejemplo, ahora estamos empezando a reponer una obra muy conocida: Carmen de Bizet. Hay una ópera y muchas interpretaciones de esta obra musical, inclusive los mismos bailarines la conocen ya que han leído, por algún lado o la han visto en el teatro. Entonces todo esos referentes ya los tienen, es cuestión de asignarles un personajes; vale decir, establecer quién va interpretar a “Carmen”, a “Don José” y a“Escamillo” para luego trabajar con ellos y hacerles saber que los movimientos son una especie de proyección debido a que no se usa la palabra. El dinamismo y la combinación de movimientos son las encargadas de hacer entender a la audiencia lo que está está pasando en el escenario.
Para lograr ello, los bailarines deben tener una idea muy clara de quienes son en ese espacio y en esa historia. Todo esto toma un montón de práctica pues consiste en dar referencia a los bailarines, y observar que puedan proyectar lo que quieran decir a través de sus movimientos. ¡Toma un montón de trabajo! Las obras abstractas son una reacción al impulso musical. Si bien les puedo dar referentes relacionados al movimiento, a la fuerza que tienen que sentir en un movimiento en particular, también les puedo decir, y no tiene nada que ver con el caso: “¡siéntete como un ave o siéntete como un caballo!”. Los bailarines relacionan sus conocimientos personales y los tratan de aplicar al movimiento tratando de generar una textura especial.
Natali Conde: Entonces hay mayor libertad…
Jimmy Gamonet: Exacto. Aunque además en esta obra encontramos variaciones; ya que va a depender de la interpretación de cada bailarín, pues no todos somos iguales.
En una entrevista, la semana pasada, estábamos hablando ¿qué sería bonito?, ¿a qué punto me gustaría que llegue la apreciación de una función de danza en Lima? En otros países la danza está súper desarrollada. Existe un gusto tremendo y una audiencia que sigue la danza. La gente no solo observa lo que se presenta en el ballet; sino además, identifican a los artistas que van a bailar la pieza y hacen comparaciones. Por ejemplo, el día lunes va a bailar “fulanita” el martes va a bailar “otra” y hacen comparaciones: ¿quién fue la mejor?, ¿quién interpretó mejor? Es otro nivel de apreciar el arte. ¡Te das cuenta!
Carla Anamaria: ¿Qué nos presenta «El Jardín del Fauno”?
Jimmy Gamonet: «El Jardín del Fauno» se creó hace muchos años atrás, aproximadamente en el año 1992 para el Miami City Ballet en Florida pero tenía otro título: Pané suite. Le cambie el nombre, aunque básicamente era lo mismo: Fausto. Pero para hacer el título más interesante decidí en Miami ponerle Panee Suite. Aquí decidimos junto al equipo de prensa ponerle otro nombre que pueda llamar más la atención en Lima. Entonces pensamos en el “Jardín del Fauno” que suena más fantasioso y que trata de este personaje que es el rey del bosque y que le gusta jugar con las ninfas. Este es el punto de partida del Ballet; así que me pareció bonito traerlo porque es una pieza clásica en el aspecto técnico y esta compañía es clásica; pero la línea estética, que llevamos, es neoclásica lo que nos permite tener un poquito más de libertad de movimiento y no ser tan cuadriculados como el ballet clásico.
Yessenia Coronel: La presentación del “Jardín del Fauno” tiene una narración que ha llegado entretener al espectador y causar en él ciertas sensaciones ¿qué técnica se usó para que la narrativa sea comprendida?
Jimmy Gamonet: Mira, mi punto de partida fue lo que decimos en danza: “un divertimento”; es decir, una agrupación de movimientos de secciones, en la que primero se presenta el cuerpo de baile con los solistas y los principales. Después viene lo que llamamos variaciones, donde se muestra el nivel técnico de los solista y de los principales. Al final se cierra con el cuerpo de baile nuevamente. Vale decir, creas esta cosa visual que es bonita: comienzo, medio y final. Abres en grande, muestras lo que hay dentro del sandwich (la comida) o sea los trabajos virtuosos y difíciles de bailar técnicamente. Y cierras, nuevamente, con lo más appealing para la vista.
Yessenia Coronel: En esta ocasión, Purple Bend I fue interpretada por dos bailarinas, entonces ¿cómo fue la selección para que, en dicha presentación,danzaran dos mujeres?
Jimmy Gamonet: Yo vi una película que se llama Platoon y que trata sobre la guerra de Vietnam. Al final de esta film se utiliza la pieza musical de Barber, Adagio for Strings y cuando la escuché con ese fondo tan sanguinario, tan dramático por guerra, me chocó. Pues una cosa no tenía nada que ver con la otra, pero justamente esa mezcla me llamó tanta la atención que dije “sería muy bonito hacer una cosa en movimiento que no tenga nada que ver con la línea melódica de la música”. Entonces empezó, dicha propuesta, como una especie de ejercicio de composición física. Primero construí la obra con dos mujeres y con movimiento bien minimalista, pero bien fuerte; o sea , hay un pulso en el movimiento que no tiene nada que ver con la melodía – porque la melodía queda a un lado- debido a que siempre están en tensión.
Intente transmitir la sensación que me ocasionó cuando vi la película; pero en movimiento. Ese fue el punto de partida. Ahora bien, la gente siempre tiene la necesidad de decir: ¿qué significa?, ¿qué estás viendo? En realidad, no estás viendo nada, tienes dos personas en el escenario y ya tienes una relación ahí. No sabes qué tipo de relación tienes, pero son dos personas que se están intercomunicando e interrelacionando. Entonces uno mismo trata de buscar qué está pasando en el escenario, ¡eso es lo bonito!.
Purple Bend I. no tiene nada, no tiene una historia. Yo indiqué que es una investigación de relaciones lo que se está viendo en escena. “La relación que tú quieras, imagínate”. Es la parte bonita creo yo, en vez de decirte “¡No, esto es lo que está pasando!” Porque otras personas podrían decir “¡No, yo no veo eso!”
Después hice la misma coreografía pero para hombres. Fue un estudio en movimientos porque mientras las mujeres se paran en punta y su calidad de movimientos es otra, los hombres son mucho más fuertes: pueden cargar y tirarse al piso. Ahí empecé a usar variantes. La coreografía es la misma pero hay ciertos elementos que los chicos pueden hacer y las chicas no.
Carla Anamaria: But I never saw another butterfly again fue una pieza que me llamó mucho la atención porque se desarrolló el tema del holocausto…
Jimmy Gamonet: Si, tanto la música de Górecki fue inspirada en una mujer que estaba en busca de su hijo en un campo de concentración, es muy fuerte, su punto de partida para componer la música es bien dramática. Después, utilicé unos poemas que se compusieron durante la Segunda Guerra Mundial en Checoslovaquia en Praga, en uno de los campos, que también se titula But I never saw another butterfly again; entonces me gustó la mezcla del poema con la música. En eso me basé para representar, en la obra, a las mujeres que han perdido a un ser querido. Inclusive en los movimiento hago referencia a que están cargando a un niño. El ballet es muy atmosférico porque te pone en ciertos lugares.
Carla Anamaria: Cuando escuché comentarios, a muchos, les había impresionado los vestuarios y la música; pese a no estar tan relacionados al baile contemporáneo.
Natali Conde: Como también el juego de luces…
Jimmy Gamonet: Claro. Las luces son sumamente importantes.Yo siempre he dicho que la iluminación te convierte una pieza mediocre a una obra de arte o te la mata, por eso tiene que haber un balance espectacular. Para ello, nosotros tenemos una semana de pre-producción donde trabajo con las luces, intensamente; y estamos ahí desde las nueve de la mañana hasta las diez de la noche, trabajando pedacito por pedacito, movimiento por movimiento. Es la parte más tediosa de todo este proceso. Ustedes van y se sientan para ver la obra, pero detrás de eso es todo un tema.
ANEXOS:
Poema: la Mariposa de Friedman
La última, la última de todas,
De un amarillo tan intenso y vivo que deslumbra.
Tal vez si las lágrimas del sol cantaran
contra una piedra blanca…
Ese amarillo sin par
se eleva etéreo hacia lo alto.
Y se fue…Sin duda deseaba
despedirse del mundo con un beso.
Siete semanas aquí he vivido
Enclaustrado en este gueto.
Pero aquí he encontrado lo que amo:
Los amargones me llaman
y las blancas ramas de los castaños del patio.
Solo que nunca más vi una mariposa.
Esa mariposa fue la última.
Las mariposas no viven aquí adentro,
en el gueto
Edición:
Carolina Amable: carolina.amable@unmsm.edu.pe
Carla Anamaria: carla.anamaria@unmsm.edu.pe
Natali Conde: natali.conde@unmsm.edu.pe
Yessenia Coronel: yessenia.coronel@unmsm.edu.pe
Fecha: Lima 11 de Octubre del 2018
En la danza, los cuerpos cobran vida
¿El cuerpo también toma forma al reflejar las emociones? y si es así… ¿qué convoca más al espectador: armar la historia que los cuerpos cuentan o solo seguirla?
El Ballet Nacional del Perú a cargo del maestro Jimmy Gamonet , en su segunda temporada del 2018, presentó la coreografía “El Jardin del Fauno” en el Gran Teatro Nacional. Este performance, que deja al descubierto la confluencia de la velocidad y la gravedad de los cuerpos en un clima neoclásico, incluyó las coreografías “Paquita”, “Reus”, “Purple Bend I, “But I Never Saw Another Butterfly Again” y “ El Jardin del Fauno”.
Es cierto que cada puesta en escena revela “algo”, pero no todas las coreografías, necesariamente, son pautadas con una historia específica. Es decir, el elenco de baile, a través de la dinámica con el espacio y la expresión corporal, busca que el espectador tenga la libertad y la capacidad de crear e imaginar en base a lo que está observando. Por otro lado, también existen obras que, cuadro tras cuadro, envuelven al espectador en los lineamientos de su narrativa. Pero, ¿es posible que varias coreografías se mezclen y formen una sola presentación?
En El Jardín del Fauno tanto las coreografías de corte abstracto como de corte narrativo son protagonistas de una nueva versión; pues mientras “Purple Bend I” invita al espectador por las riendas de la imaginación a través de la melodía de Samuel Barber , “El Jardin del Fauno” nos sumerge a un mundo mitológico en el cual las travesías de Pan,un ser mitad humano y mitad animal, están llenas de magia y encanto. Pan se divierte atrapando ninfas pero sobre todo bailando con libertad.
Quizás la interpretación de cada espectador en “Purple Bend I” no se relacione, de forma directa, con la sensación inicial que despertó en Jimmy Gamonet la pieza musical Samuel Barber y las imágenes violentas y sangrientas en la película Platoon, elementos claves para la producción de la coreografía, según nos indicó en una entrevista. Sin embargo, su representación enfatiza un elemento clave de la danza neoclásica: la posibilidad de la expresión corporal; es decir, la posibilidad de buscar un significado a través de la conexión del cuerpo con el espacio.
Si bien “But I Never Saw Another Butterfly Again” revela la complicidad del espacio con el cuerpo, también deja en descubierto su gran eje temático, pues “el holocausto” cobra vida cuando, al compás de la composición triste de Henryk Mikolaj Gorecki, nos hacemos preguntas como: ¿cuán difícil es la pérdida de un hijo? ¿habrá esperanza para aquella madre desolada por la pérdida?
En “Reus”, por ejemplo, la atmósfera del escenario junto a la resonancia musical de Istvan Marta envuelven a los bailarines en un juicio. El acusado, juez y jurados son los encargados de representar la forma más instintiva del ser humano: la animal. Por su parte, “Paquita” combina la sensualidad, la coquetería y la elegancia para mostrar el juego dinámico entre las bailarinas y el bailarín. Por lo que se demuestra que las presentaciones del “El Jardin del Fauno” no sólo siguen un lineamiento en específico; ya que “But I Never Saw Another Butterfly Again”, “Paquita” y “Reus” son espectáculos visuales que contienen historias; vale decir, que en estas coreografías, lo abstracto y lo narrativo se hacen presentes.
En general, las cinco coreografías muestran no solo el nivel técnico de los bailarines y el coreógrafo sino, además, las formas en que la velocidad del cuerpo y la gravedad encajan perfectamente en la danza neoclásica. Tal como menciona Jimmy Gamonet “el neoclasicismo […] da la libertad de poder experimentar con diferentes movimientos lo que deseamos y a la vez, mantener las raíces del clasicismo.”
Por: Yessenia Coronel
Correo: yessenia.coronel@unmsm.edu.pe
Lima, 11 de octubre de 2018
«El jardín del fauno»: galería
Entre elegancia y coquetería, los cuerpos cobran vida…
El elenco del Ballet Nacional del Perú dirigido por Jimmy Gamonet, en su segunda temporada del 2018, presentó El Jardín del Fauno en el Gran Teatro Nacional. La puesta en escena incluyó las coreografías “Paquita”, “Reus”, “Purple Bend I”, “But i never saw another butterfly again” y “El Jardín del Fauno”. Estas cinco piezas musicales fueron las encargadas de revelar el lenguaje corporal, la gravedad y la velocidad de los cuerpos.
Primera llamada: “PAQUITA”
El telón se abre para iniciar la presentación con “Paquita”. Coquetería, sensualidad y encanto son los elementos esenciales que arman la atmósfera para el juego dinámico entre las bailarinas y el bailarín.




Segunda llamada: «REUS»
Entre colores oscuros y sombras, inicia “Reus”, la segunda coreografía de la noche. Las habilidades de los bailarines se entremezclan para hacer un juicio. ¿Quienes representarán al acusado, al juez , al jurado?





Tercera llamada: “PURPLE BEND I”
Mientras un rojo intenso invade el escenario; las dos bailarinas están listas para empezar “Purple Bend I”. No existe una sola interpretación de esta presentación, pues los movimientos corporales dejan en libertad la imaginación.




Cuarta llamada: “BUT I NEVER SAW ANOTHER BUTTERFLY AGAIN”
Entre la tenue luz del escenario se visualizan figuras femeninas que dan inicio a But I never saw another butterfly again al compás de una suave y triste composición musical que acompaña cada movimiento de las bailarinas.





Quinta llamada: “EL JARDÍN DEL FAUNO”
El escenario dejó de ser iluminado por finas y delicadas luces para dar paso a la última llamada de la noche: “El Jardín del Fauno”. Entre paisajes que sumergen al espectador en un bosque mitológico, Pan, ser mitad humano y mitad animal, rodeado de ninfas, una vez más, hace de las suyas.




FICHA TÉCNICA: “El Jardín del Fauno”
El maestro Jimmy Gamonet de los Heros dirigió el elenco del Ballet Nacional.
La asesoría artística estuvo a cargo de Olga Shimasaki
La producción artística fue de Paola Barrenechea y Rodrigo Flores
En el diseño de vestuario participaron:
–Paquita: Maria Gamonet
–Reus: Jimmy Gamonet
–Purple Bend I: Hayde Morales
–But I Never Saw Another Butterfly Again: Susan Santoro
–El Jardin del Fauno: Mencía Olivera
El diseño y realización de la iluminación estuvo a cargo de Gary Galarcep y la animación y operación de video, de Yitzhak Fowks
Fotografías:
Natali Conde (natali.conde@unmsm.edu.pe )
Yessenia Coronel (yessenia.coronel@unmsm.edu.pe)
Fecha: Lima 4 de octubre del 2018

