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Este artículo forma parte de nuestra serie sobre desinformación en tiempos de pandemia.

#ContraLaDesinformación

Sí, claro. Así como Facebook, Twitter o Instagram permiten que podamos informarnos simultáneamente y de forma sencilla, también, como las buenas herramientas digitales que son, pueden desinformar por igual. Es más, se convierten en  un arma de doble filo porque la desinformación encuentran una vía rápida para su difusión, sobre todo en Twitter, la cual no solo es una red social más —según Evan Williams, uno de sus creadores—  sino una red de información.

Desde el 2006, año de su fundación, hasta hoy Twitter ha acumulado 340 millones de usuarios activos. Como microblogging proporciona una forma ligera y fácil de comunicación, permite a los usuarios transmitir y compartir información sobre sus actividades, opiniones y estado, todo ello en breves actualizaciones de 280 caracteres (Java, Finin, Song, Tseng, 2007). Sin embargo, como bien dice Williams, esta es “una red de información”, con una clara orientación hacia las noticias. Esto se ve reflejado en el cambio de la pregunta “qué estás haciendo” por “qué está pasando”.

¿Cómo puedo desinformar en Twitter?
Twitter también es un lugar propenso a desinformar (Chamberlain, 2010), una de las razones sería su corta longitud en las publicaciones (tweets) que alienta a no argumentar, además, su inmediatez da la idea de ser información recién descubierta y los retweets provocan la expansión de la publicación sea o no verdadera. Como ejemplo mencionaremos el caso de Alberto Bendezú, quien publicó el pasado 12 de mayo un supuesto internamiento del presidente del Perú, Martín Vizcarra, en la Clínica Angloamericana:


Captura de pantalla de la cuenta de twitter de Alberto Bendezú

La información fue compartida masivamente y comentada, además de ser mencionada por algunos canales de televisión, hasta ser desmentida al día siguiente por el propio presidente.

¿La corta longitud de los tweets y su inmediatez justifican la propagación de la desinformación?
Es cierto que las características antes explicadas son clave para la desinformación, pero no son las únicas. La atención selectiva (Aruguete y Calvo, 2020), proceso mediante el cual prestamos atención a usuarios y contenidos que son consistentes con nuestras creencias y cosmovisión, nos lleva a elegir dónde nos queremos informar, quiénes nos informan, qué informaciones queremos consumir y, por ende, descartar las informaciones que no se ajustan a nuestros prejuicios y creencias. Ello nos llevaría a las burbujas de filtro (Pariser, 2011), entendidas como mecanismos que establecen la dieta informativa diaria de cada usuario que se convertiría, tarde o temprano, en burbujas ideológicas. Son estas burbujas ideológicas las que promueven la desinformación, ya que cualquier tweet o imagen que esté ligada a nuestra ideología será tomada como verdadera o probable sin la necesidad de revisar si ha sido verificada.

Para concluir

Twitter es una red social que privilegia el intercambio de información, ya sea de una figura pública como de cualquier usuario. Debido a su estructura de fácil difusión de la información y la generación de burbujas ideológicas entre los usuarios, Twitter se vuelve un lugar de bastante conflicto, y donde es más posible desinformarse. Recordemos lo dicho por Sitaker (2009), “false rumors can cost lives”.

Referencias: 

Aruguete, N. & Calvo, E. (2020). Fake news, Trolls y otros encantos. Cómo funcionan (para bien o para mal) las redes sociales. Siglo XXI Editores. Recuperado de https://books.google.com.pe/books/about/Fake_news_trolls_y_otros_encantos.html?id=a4rZDwAAQBAJ&printsec=frontcover&source=kp_read_button&redir_esc=y#v=onepage&q&f=false

Pariser, E. (2011). The filter bubble: What the Internet is hiding from you. Penguin.  Recuperado de https://hci.stanford.edu/courses/cs047n/readings/The_Filter_Bubble.pdf

P. R. Chambarlain (2010). Twitter as a Vector for Disinformation. Journal of Information Warfare, Vol. 9, No. 1, pp. 11-17. Recuperado de https://www.jstor.org/stable/pdf/26480487.pdf?refreqid=excelsior%3Ada3172c3b737aae18f25f8cade1c0f75
Sitaker, K. J. (2009) How False Rumors Can Cost Lives. Retrieved 05 30, 2009. Recuperado de http://canonical.org/~kragen/costs-lives.html

@Genjy Simon Ríos: genjy.simon(at)unmsm.edu.pe

@MediaLab UNMSM

Lima, 28 de mayo de 2020

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